La enseñanza de los brujos es así, tómala o déjala. No puedes razonarla. No es posible "verificarla" intelectualmente. Lo único que cabe hacer con ella es ponerla en práctica, explorando las extraordinarias posibilidades de nuestro ser.
Este blog es parte de mi aprendizaje.

martes, noviembre 14, 2006

El mundo está amenazado












EL MUNDO ESTÁ AMENAZADO

En las noticias observamos la cantidad de amenazas que sufre la Tierra: desde la posible deflagración nuclear hasta la destrucción de la capa de ozono, pasando por la contaminación de la atmósfera y los océanos. Guerras, hambre, enfermedades y miseria se ciernen sobre el mundo; todos estaremos de acuerdo en que el objetivo más importante es establecer las bases para que esto cese y se alcance una paz permanente en la que todos los seres humanos podamos vivir en paz y dignamente.

Sin embargo, la mayoría busca la solución únicamente en la economía y la política, relegando los aspectos psicológicos y espirituales. No comprenden que, sin unas bases internas firmes, la gestión política y económica resulta insuficiente. El Dalai Lama, Premio Nobel de la Paz, afirmó que los conflictos internos de los seres humanos son la causa raíz de las luchas entre pueblos y naciones. Por tanto, no basta con actuar sobre los problemas externos —como la distribución racional de las riquezas—; si anhelamos una paz duradera, debemos trabajar partiendo de la base sólida de la paz interior personal.

Si no hay paz dentro de nosotros, cualquier intento de alcanzarla en el mundo exterior fracasará. Pero para lograr ese estado, primero debemos conocer los aspectos inconscientes de nuestro ser que sabotean la armonía. El hombre moderno no lucha su propia batalla; libra guerras ajenas que nada tienen que ver con el espíritu. Habitualmente, tratamos de transferir a otros nuestros problemas, siendo incapaces de enfrentar la única guerra que realmente vale la pena: la del conocimiento de nosotros mismos.

Carl Jung advirtió que «el mundo pende de un hilo, y ese hilo es la psique humana». Al no reconocer nuestra propia Sombra —ese receptáculo de instintos no integrados—, la proyectamos sobre el enemigo, convirtiéndolo en un monstruo para no ver el nuestro.

La paz exterior es una quimera sin el proceso de individuación. La verdadera victoria no consiste en derrotar a un ejército, sino en alcanzar la trascendencia: superar las limitaciones del Ego para conectar con el Sí-mismo. Trascender no es huir, sino actuar en el mundo con una libertad que no nace del odio, sino de un compromiso inquebrantable con la consciencia. El guerrero va al saber como a la guerra: despierto, con miedo, con respeto y con absoluta confianza. Porque solo aquel que ha conquistado su mundo interior está legitimado para soñar con un mundo exterior en paz.

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