
EL MIEDO
Es el primer enemigo con el que tiene que enfrentarse una
persona que quiera convertirse en guerrero del conocimiento.
Podemos definirlo como una perturbación del estado de ánimo
en la que se pierde la confianza en los propios recursos para afrontar
situaciones concretas, percibidas como peligrosas para el sujeto. El miedo
tiene una particularidad en el ser humano: puede ser real o imaginario,
presente o proyectado hacia el futuro, pero siempre ocasiona una disminución
del sentido de seguridad.
Todos hemos sentido miedo alguna vez y podemos considerarlo
una emoción normal, ya que gracias a él nos preparamos para una amenaza. Como
animales que somos, ante la inminencia de una agresión, el organismo reacciona
y produce un mecanismo de defensa que desencadena reacciones fisicoquímicas
para ponernos en situación defensiva. Observar cómo se le eriza el pelo del
lomo a un perro cuando siente el peligro, o cómo un gato se hincha para parecer
más grande: estas reacciones las produce el miedo. Si no lo sintiésemos,
probablemente habríamos dejado de existir hace tiempo; por ello, podemos
afirmar que el miedo razonable y encaminado a subsistir es necesario.
Pero, así como el animal, una vez pasado el peligro, se
olvida de todo y prosigue con su vida normal, el ser humano tiene la facultad
de recordar y anticipar. Es capaz de seguir sintiendo temor por algo que ya
sucedió y que probablemente no se volverá a producir. Así, el miedo lo provoca
un objeto imaginario, irracional y desproporcionado que altera la conducta de
quien lo sufre, siendo este incapaz de sobreponerse a pesar de reconocer que es
absurdo.
El miedo es aprendido. Los niños lo aprenden de los adultos
y cada cultura tiene sus propios generadores de miedo. También se aprende con
la experiencia: si alguien ha sufrido una vivencia traumatizante, temerá que
vuelva a ocurrir, lo que desencadenará síntomas psicológicos y neurovegetativos
(sudoración, taquicardia, temblores, necesidad de orinar, diarrea o
piloerección) que acompañan a la ansiedad y a la angustia. Finalmente, existe
el "miedo a tener miedo": una ansiedad que prevé el sufrimiento que
podría aparecer.
Existen varias maneras de reducirlo —evitar el objeto
fóbico, fármacos, psicoterapia o relajación—, pero el estudio de estos métodos
no es el propósito de este artículo. Aquí trataremos el miedo desde el punto de
vista del "guerrero del conocimiento". Este miedo surge cuando el
aprendiz vislumbra que no solo existe la realidad en la que vive, sino otras
muchas en las que puede penetrar por medio del saber.
Al empezar a aprender, no sabe qué va a encontrar. Sus
pensamientos se dan topetazos y se hunden en la nada. Lo que se aprende nunca
es lo que uno creía; y así comienza el miedo. Castaneda decía que los seres
humanos corrientes somos "importantes" porque tenemos miedo: cuanto
más temor sentimos, más importancia nos damos y más crece nuestro ego. Sin
embargo, la importancia personal tiene un punto débil: depende del
reconocimiento externo. Si no le damos importancia a la importancia, esta se
desvanece.
El aprendiz busca la crítica, no la adulación. Borra su
historia personal, cambia de nombre y anula la persistencia de su ego,
llevándose a situaciones límite donde lo auténtico asume el mando. Al no
tenernos lástima, enfrentamos con elegancia nuestra extinción personal. La
muerte es la fuerza que da al guerrero valor y moderación; solo mirando a
través de sus ojos comprendemos que no somos importantes.
El guerrero convierte su miedo animal en una oportunidad de
gozo, pues sabe que todo lo que tiene es este momento. Un guerrero es alguien
que se perfecciona a través de una ardua disciplina. No intenta paliar su miedo
con falsas esperanzas; va al saber como a la guerra: despierto, con miedo, con
respeto y con absoluta confianza. No debe correr ni detenerse. Debe desafiar a
su miedo y dar el siguiente paso. Llega un momento en que el miedo se retira y
no vuelve más.


2 comentarios:
Este tema es interesante.He sido su esclava por largos años de mi vida.
He vivido como marioneta a su antojo,creo que dejó fuertes marcas en mí.De pequeña aprendí a dejarme chantajear.Ahora no hay tiempo para compasión,solo dar la vuelta y seguir,para enfrentarlo dando la batalla.Una guerrera no se da por vencida.Lucha,eso hago...
Muy buena información Cemec, gracias.
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