La tradición tolteca parte del hecho de que el universo es dual, está formado por dos fuerzas complementarias. Pero esas fuerzas no tienen que ver con las dualidades que llamamos bien y mal. Dios y diablo, lo positivo y lo negativo, o cualquier otro tipo de oposición en el cual podamos pensar. Más bien, conforman una inexplicable onda de energía que los toltecas denominaron el Tonal y el Nagual.
Ellos establecieron que todo lo que podemos interpretar o representarnos de algún modo es el tonal, y todo lo demás, lo innombrable, es el nagual. Asimismo, identificaron el tonal y el nagual con los dos lados de nuestro cuerpo físico, el lado derecho y el lado izquierdo. Asociaron la oscuridad con el lado izquierdo, el nagual, lo desconocido y lo femenino, y la claridad con el lado derecho, el tonal, lo conocido y lo masculino.
El tonal es la persona social, es un protector, un guardián que la mayoría de las veces se transforma en guardia. El tonal es el organizador del mundo. Es el encargado de poner en orden el caos del mundo. Todo cuanto sabemos y hacemos como personas, es obra del tonal. Podemos decir que el tonal se construye mediante la socialización. Desde el momento de nacer sentimos que hay dos partes en nosotros. A la hora de nacer, y luego por algún tiempo después, uno es todo nagual. En ese entonces, nosotros sentimos que para funcionar necesitamos una contraparte a lo que tenemos. Nos falta el tonal y eso nos da, desde el principio, el sentimiento de no estar completos.
A esas alturas el tonal empieza a desarrollarse y llega a tener una importancia tan absoluta para nuestro funcionamiento que opaca el brillo del nagual, lo avasalla; y así nos volvemos todo tonal. Desde el momento en que uno se vuelve todo tonal, no hacemos otra cosa sino aumentar esa vieja sensación de estar incompletos; esa sensación que nos acompaña desde el momento de nacer y que nos dice constantemente que hay otra parte de nosotros que nos haría íntegros.
A partir del momento en que somos todo tonal, empezamos a hacer pares. Sentimos nuestros dos lados, pero siempre los representamos con objetos del tonal. Decimos que nuestras dos partes son el alma y el cuerpo. O la mente y la materia. O el bien y el mal. Dios y Satanás. Nunca nos damos cuenta, sin embargo, de que sólo estamos haciendo parejas con las cosas de la isla del tonal. El hombre no se mueve entre el bien y el mal, su verdadero movimiento es entre lo negativo y lo positivo.
El tonal es un guardián que protege algo muy valioso: nuestro mismo ser. Por lo tanto, una cualidad innata del tonal es la de ser astuto, y celoso con su obra. Y como lo que hace es efectivamente la parte más importante de nuestras vidas, no es del nada extraño que al fin y al cabo se convierta, en cada uno de nosotros, de guardián en guardia. Un guardián es magnánimo y comprensivo. Un guardia, en cambio, es un vigilante intolerante y siempre un déspota. En todos nosotros el tonal se ha hecho un guardia insoportable y déspota, cuando debería ser un guardián magnánimo.
El tonal es completamente todo lo que somos, es todo eso para lo cual tenemos palabras. Y como está hecho de sus propios hechos, todas las cosas tienen que caer bajo su dominio. El tonal es todo cuanto conocemos y eso no sólo nos incluye a nosotros, como personas, sino a todo lo que hay en nuestro mundo. Puede decirse que el tonal es todo cuanto salta a la vista.
Lo empezamos a cuidar desde el momento de nacer. En el momento en que tomamos la primera bocanada de aire, también ese mismo aire es poder para el tonal. Así que, es muy apropiado decir que el tonal de un ser humano está ligado íntimamente a su nacimiento. El tonal empieza en el nacimiento y acaba en la muerte. Es lo que construye el mundo porque su función es juzgar, evaluar, y atestiguar al mundo de acuerdo con las reglas del tonal. En una manera extrañísima, es un creador que no crea nada. O sea que, el tonal inventa las reglas por medio de las cuales capta el mundo; así que, en un sentido figurado, el tonal construye el mundo.
El tonal es una isla y en la isla tenemos todo. Esta isla es, de hecho, el mundo. Hay un tonal que es personalmente para cada uno de nosotros, y hay otro que es colectivo para todos nosotros en cualquier momento dado, al cual llamamos el tonal de los tiempos. Podemos decir que el tonal de los tiempos es lo que nos hace semejantes. No obstante, cada cosa por separado es un caso individual, lo mismo que el tono personal de cada uno de nosotros. Pero el factor importante que hay que tener en cuenta, es que todo cuanto conocemos de nosotros mismos y de nuestro mundo está en la isla del tonal. La mente es parte del tonal, el alma también, los pensamientos también, Dios también. Dios es un objeto de nuestro tonal personal y del tonal de los tiempos. El tonal es, todo lo que creemos que es parte del mundo, incluyendo a Dios, por supuesto. Dios no tiene otra importancia que la de ser parte del tonal de nuestro tiempo. Dios es solamente todo aquello en lo que puedes pensar; por eso, propiamente hablando, Dios no es sino otro objeto en la isla. Dios no puede ser visto cuando uno quiere; sólo podemos hablar de Él. En cambio, el nagual está al servicio del guerrero. Puede ser visto, pero no se puede hablar de él. El nagual es la parte de nosotros mismos con la cual nunca tratamos. El nagual es la parte de nosotros para la cual no hay descripción: ni palabras, ni nombres, ni sensaciones, ni conocimiento. El nagual está alrededor de la isla. El nagual está, allí, donde el poder se cierne.




5 comentarios:
encontrar a un seguidor de Don JUan es esperanzador, pero mientras no podamos más que seguir las reglas del tonal para comunicar es dable esperar que se sigan y estás dicen que cuando citamos lo tenemos que hacer usando comillas. esto es una regla del tonal que vale para citar las palabras usadas por Castaneda en "Relatos de Poder". mi esperanza es que vayamos siempre al origen y este es el libro y los otros libros escritoas por Carlos Castaneda, empezando por "Las enseñanzas de Don Juan". no hay manera de ahorrar si se emprende el camino del conocimiento, básicamente porque estamos en él todo el tiempo. lo difícil es percatarse de ello y aceptar el desafío.
el camino del guerrero es el camino del corazón. tal vez un día alguien va a lograr hablar de él con un lenguaje diferente del lenguaje del tonal, pero mientras eso no ocurra es dable pedir que, al menos se sigan las reglas del tonal, las citas son entre comillas y toda esta reflección es la explicación que Don Juan le entrega a Castaneda en "Relatos de Poder". mi recomendación es que cada uno lea el original, partiendo por los otros libros como "Las enseñanzas de Don Juan".
ES INCREIBLE LA VERDAD ME SIENTO IDENTIFICADO;PIENSO QUE YA LO SABIA PERO QUE ME LO ESTAN DESCRIBIENDO Y LO ESTOY RECAPITULANDO DE NUEVO...SOY UN PRACTICANTE Y EL LEER A CARLOS CASTANEDA ME A DADO UNA PAUTA PARA SEGUIR EN BUSCA DEL SER UN HOMBRE DE CONOCIMIENTO...UN BRUJO.
he potenciado ya tonal y nagual en igual medida...escribiré mis experiencias en ésta nueva forma de percibir y percebirme como se vayan dando. estoy, por ahora, en la etapa de adaptación...
Acallar el Tonal es muy difícil porque nos tiene esclavizados y cuando intentamos dejarlo al margen se defiende y no nos deja. Hay que tener una intención impecable y una constancia que nos puede llevar toda la vida.
Me sorprende, tocayo José, que hayas potenciado el Tonal y el Nagual en igual medida, ya que el uno no puede existir al mismo tiempo que el otro, cuando sale uno el otro tiene que estar escondido y cuando entras en el Nagual el choque es tan fuerte que puedes volverte loco y si no estás bien preparado es posible que tengas problemas el resto de tu vida.
Me gustaría que fueseis explicando vuestros progresos, así vamos viendo lo que se puede hacer en cada momento.
Un saludo y gracias por vuestros comentarios.
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